Te presento a mi mami

“Cuando tengas hijos me entenderás”

Cuando las personas me conocen y se enteran que tengo un hijo, lo primero que me preguntan (después de mi edad y la de Gabriel para sacar sus cuentas) es “¿qué te dijeron tus papás? Y ya he escrito mi historia sobre el tema en un post anterior.

Mi mamá conocía esa frase de arriba, lo que no sabía es que yo la iba a entender tan pronto. A mis cortos 19 años y casi 5 años después entiendo a lo que se refería. Ella sabía lo que iba a vivir, lo que era tener el corazón en la mano y cuánto iba a ser feliz. Y decidió estar a lado mío para acompañarme en eso.

La yeya de Gabriel es ese ser humano que uno ve cuando la conoce. Tal cual lo que proyecta. Es auténtica, divertida, amorosa, sensible y fuerte. También es gritona y la hago renegar. Una combinación diferente.

Es una abuela llena de energía, una abuela chibola y preciosa. Y me atrevo a contar su secreto: Gabriel la cambió. Tiene tres nietos y conforme nacían, su paciencia iba aumentado y su corazón crecía. Pasó de ser mamá de dos a mamá de cinco.

Mi mamá ha sido (y es) mi fortaleza y mi apoyo incondicional en momentos lindos y sobretodo, en los que no me gustaron, pero que nos hizo más fuerte a las dos.

Mi mamá es mi héroe.

Es por quien terminé la universidad, es por quien Gabriel sonríe y siempre anda intacto, es su defensora y quien quiere que sea una mejor mamá que ella. Y yo no sé cómo podría acercarme a ello.

Mi mamá es mi compañera de proyectos, locuras de negocio y yo su eterna aprendiz mete pata.

Es una de mis metas y mi construcción del hoy para ese mañana que tanto soñamos.

Me ha enseñado cosas de la vida desde que tengo uso de razón y una de las últimas es que la mamá perfecta no existe, pero sí la mejor mamá para tus hijos.

Ella lo es para mí.

¿Tengo un hijo chocho? 

¿Cuántas veces te han dicho: “es que está muy chocho”, “contigo se engríe”, “se estaba portando súper bien.. hasta que tú llegaste”, o peor aún: “es que tiene mamitis”. 

¿Te pasa y estás tan cansada como yo de escuchar cosas así? 

La verdad yo no sé si tengo un hijo chocho. Lo que sí sé, es que tengo un hijo que está al pendiente de mí, que cuando está conmigo quiere de todo y a veces no quiere nada más que estar conmigo. 

Tengo un hijo que me respeta, me obedece y me ama. Me demuestra, a su manera y con actos, que se muere por mí, que quiere el 100% de mi tiempo, mi foco y mis cinco sentidos cuando estoy con él. 

¿Si tiene mamitis? Si eso significa tener un apego increíble y una conexión única que solo los dos sentimos, pues sí, la tiene. Y yo puedo declararme con hijitis. 
Y a todas las personas de las que escuché que mi hijo es un chochito conmigo: ¡gracias! Gracias, porque me hicieron ver que preocupante sería para mí que lo fuera con otra persona, o que no logre sentirse sumamente cómodo conmigo, o que yo no sea su lugar seguro como lo soy. 

Tengo un hijo amoroso, que está generando su propia independencia y me hace sentir orgullosa. Un hijo al que puedo escuchar y entender sus sentimientos, celebrar sus alegrías y calmar sus temores.

Tengo un niño que está aprendiendo a expresar sus emociones, y que todavía necesita de mí para acompañarlo en ese proceso. 

Sea chocho o no, si así se le puede llamar, he entendido que es normal. Que no soy la primera ni la última mamá que tiene un hijo chocho, que quiere estar conmigo y demanda más de mí y mi mayor atención. Su aprendizaje no va en contra de los límites y es netamente eso, un aprendizaje, como la mayoría de cosas a sus 4 años. 

No solo es Gabriel quien está aprendiendo, soy yo como mamá también, pero junto a él: mi hijo chocho. 

Mily. ❤️

¿Cómo se logra un desarrollo sensorial? 

Los niños desde que nacen necesitan descubrir el mundo. Los padres somos ese nexo que los ayuda a conectar sus sentidos, y conforme van creciendo, son los maestros y las personas involucrados en su crecimiento quienes ayudan a este desarrollo sensorial. 

Hoy, nuestra Miss Ale nos cuenta cómo logramos este despertar de los sentidos y nos explica un poquito más este proceso que viven los niños desde su nacimiento.

Viendo, tocando, escuchando, oliendo y en general explorando es como el niño logra asimilar experiencias y descubrir los objetos y sus características.

El desarrollo sensorial es el proceso donde los sentidos reciben la primera información del entorno elaborando así, sensaciones y percepciones.
A partir de estas sensaciones y percepciones que recoge del medio, se van formando los procesos cognitivos de la inteligencia y el lenguaje.
La inteligencia se forma a partir de toda la información recibida a través de los sentidos y de la exploración del entorno.

Y el lenguaje es la capacidad que tiene el ser humano para expresar sus ideas y sentimientos.

Por esta razón, como padres es recomendable estimular y ejercitar los sentidos para lograr un óptimo desarrollo integral del niño.
Las maestras, debemos reforzar lo que algunas veces no se brinda en casa, en este caso, tenemos el deber de proporcionar un ambiente rico en estímulos sensoriales (táctiles, auditivos, visuales, etc) y un amplio espacio para que el niño pueda explorar y construyendo habilidades motrices, cognitivas y socio-afectivas.


Recordemos que cada niño tiene su propio ritmo y su propio proceso de descubrimiento. Algunos disfrutan más, otro menos y necesitan ese espacio, tiempo y acompañamiento para explorar cada cambio y novedad que se les presenta. Hay cosas tan sencillas desde casa para trabajar con ellos y estimular este proceso que iremos contando en un siguiente post.

¡Hasta la próxima! 

No solo mi hijo necesitaba ir a terapia.

Este año fue un año muy intenso y difícil para mi familia. He llorado de rabia sin encontrar soluciones a problemas que parecían interminables. 

Hasta ahora no me han dicho algo más duro que: “tu hijo está sufriendo”. Me citaron en el nido más de una vez, recibía notas en la agenda, más de un mail a la semana. Algo no estaba bien con Gabriel y necesitábamos ayuda, necesitábamos ir a terapia. 

Mi hijo tenía tres años y necesitaba un espacio además de nuestra crianza. Cuando la recomendación llegó, me asusté, me culpé y no dejaba de llenarme la cabeza de cosas. Estaba recargada. 

Mi familia fue mi soporte, pero sobretodo las ganas de que todo mejore no me dejó pensar las cosas dos veces. Gabriel fue evaluado, nosotros también y arrancó la terapia con todas las ganas de avanzar. 

Desde que converse con Mari y llegamos  al centro yo sabía que estábamos en el lugar correcto, en donde desde un inicio Gabriel sintió que iba a “jugar” y en realidad lo evaluaban y trataban. Nuestra primera cita con la psicóloga me devolvió el alma al cuerpo. Gabriel era un niño que necesitaba ser evaluado, acompañado, pero nosotros también. Era un trabajo a largo plazo y no era nada del otro mundo. 

Llevó una terapia con enfoque sensorial, que espero contarles todo lo que se refiere en otro post. Gabriel mejoró muchísimo su seguridad, su control y aprendía a través del juego a regular ciertas características que a los niños sensoriales les cuesta un poco más. 

Pero las cosas en el nido no mejoraban, mi hijo explotaba en cualquier situación, así afecte o no a sus sentidos, estaba recargado. Y esa recarga tenía una raíz, esa raíz era yo. 

Es así como Mari me contacta con Claudia. Empecé la terapia y a la par Gabriel seguía en el centro la suya. Quien necesitaba ese espacio era yo. A veces las mamás creemos que realmente lo podemos todo y no hacemos otra cosa más que sobrecarganos para que todo sea perfecto para todos, menos para nosotros. A la tercera sesión se resolvieron cosas internas que ni yo misma entendía pero que afectaban a todos, sobretodo a Gabriel. 

Yo mejoré, mi relación de pareja, hija y sobretodo mamá se iba encaminando. A mi quinta sesión Gabriel ya estaba sin terapia y las notas de la agenda del nido eran contándome lo bien que le iba, cuánto más disfrutaba de sus actividades y en casa él y yo estábamos también mejor. 

Eso que dicen que le transmitimos todo a los hijos… ya, no hay nada más cierto. Nuestros hijos nos conocen más que nadie, nos sienten, huelen y ven incluso mejor que nosotros mismos. Desde una conversación nerviosa hasta un suspiro, saben que algo nos está pasando, aunque no sepan exactamente qué es. Les transmitimos eso, y si nosotros no estamos bien, ellos tampoco lo estarán. 

No nos olvidemos. Tenemos un motor inmenso para estar bien como son los hijos, pero cuidémonos por nosotros mismos. 

Lo mejor para nosotros (y nuestros hijos) es sentirnos bien. 


Mily ❤️

Carta al papá de mi hijo

Han pasado más de cuatro años desde que asumimos este retazo y quiero decir tantas cosas que aún no te he dicho. 


Quiero, primero, pedirte perdón por tantas veces que no escuché tus “te extraño” y tus reclamos con culpa por querer que seamos más tiempo solo tú y yo. Perdón por todas las veces que caía en la cama, cansada de toda la semana y me quedaba dormida a media película y no era la chica que se veía maratones de sagas completas como antes. 

Perdón, pero gracias por nunca dejar de creer en lo nuestro por más olvidado que estaba. Por no permitirme (y sé que así será después de que leas esto) sentir culpa y disculparme, por entender al igual que yo lo hacía, que nuestra prioridad en la vida ahora era criar. 

Gracias por intentar conmigo tener espacios, aunque hayan sido rutinarios, de solo los dos. Gracias por haber entendido que no perdiste a tu chica, que solo estaba siendo mamá y solamente mamá.

Perdón por culparte de todo cuando a veces no tenías culpa de nada y al contrario, eras el único que podía entender lo que yo estaba sintiendo porque tú te sentías igual. 

Gracias por mirarme con tanto amor cuando reniego con los dos. Por no dejar jamás de molestarme y hacer que el estrés finalmente se me quite burlándome del caos. Gracias por decirme una y otra vez “esto también vamos a poder” cuando me he sentido derrotada y en serio pensaba que el mundo se venía abajo. Gracias, porque nunca has perdido la fe en mí y por confiar en cada uno de mis “es lo mejor que puedo hacer”. Por dejar que me equivoque y equivocarte conmigo. 

Gracias por ser mis cables a la tierra, por frenarme cada vez que me creo la mujer maravilla y creo que puedo hacer todo sola, por recordarme que la misión es de los dos y que si la fregamos, es juntos. 

Pero gracias, también, por mirarme y hacerme sentir esa mujer maravilla. Por jamás dejar de admirarme y por decir que estoy hermosa cuando soy un desastre al levantarme, por llenarme de besos como si oliera a perfume y en realidad huelo a fórmula y a veces, Panadol. 

Gracias por no perder los detalles conmigo, por valorar cada segundo que tenemos juntos. Por ser mi eterno enamorado y porque tú nunca dejaste de ser mi chico.

Gracias, mi amor, por no olvidarnos jamás. Por priorizar a nuestra familia, sin dejar de priorizar nuestra relación y nuestra amistad. Por no ser la única que, si le dieran a elegir, volvería a elegir esta aventura tan difícil. 

Lo estás haciendo increíble. Perdón, también, por casi no decírtelo. 

Te amo, hasta que seamos pasitas. 

Tu chica, que ya regresó. 

Un cumpleaños en tiempo récord

Gabriel cumplió 4, cuatro súper años y desde noviembre del año pasado está emocionadísimo con su fiesta, preparado para recibir su cumpleaños y festejarlo con todos sus amigos, pero yo no estaba tan lista. Este año fue la primera vez que celebraba un santo de mi hijo trabajando y no saben lo difícil que fue. Normalmente yo tenía programado, años anteriores, no les exagero que en Junio. Y para variar este año Gabriel eligió un tema un poco complicado: Aventuras con los Kratt, quienes son unos hermanos que rescatan animales salvajes, así que acordamos decorar y hacer la fiesta bien safari, con animales y las tarjetas y stickers para los dulces los hice del dibujo animado.

Este año lo único que tenía claro era el show. Le di varias opciones a Gabriel, entre magos, show de burbujas y juegos inflables, pero él quería que su show fuera el mismo del año pasado, así que llamamos a nuestros amigos de Vonetti Eventos y no pudo haber hecho mejor elección.

Los chicos, además de ser divertidísimos, me ayudaron un montón a adaptar la temática del show. Salieron con unos disfraces BELLOS y cada juego del show era relacionado a los animales salvajes. Los bailes fueron los que a Gabriel le encantan, se aprendieron cada coreografía y mi chanchito estuvo feliz y encantado. Son un mate de risa y con dinámicas precisas para los niños. En la fiesta de Gabriel todos sus amigos, los papás y mis amigos (sí, los de mi promoción sin hijos) han reído de principio a fin con Flora y su equipo 🙂

Este año todos los bocaditos y la torta fueron, nada más y nada menos de Los Antojos de Gabriel. Dulces y salados súper caseros, y la torta de chocolate más rica para todos nuestros invitados, se llevó el protagonismo este año. ¡Gracias, mami, como siempre todo es posible gracias a ti!

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Una recomendación: si les gustan las velas mágicas que se ve lindas… NO PONGAN LETREROS DE PAPEL en la torta y tengan cuidado. El de nosotros con el nombre de Gabriel literalmente se incendió y aunque se apagó al toque, y nos reímos, ha podido ocasionar un accidente feo.

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Toda la decoración y detalles de la fiesta se los debemos a mi mejor amiga, la madrina de Gabriel y a mi tía Carol, que tienen una creatividad enorme y son unas capas. Gracias madri y nona!!! ❤

Nos fuimos unos fines de semana antes a comprar muchas de las cosas al centro de Lima. Elegí comprar todo verde, marrón y beige, y les pusimos stickers de Aventuras con los Kratt con el nombre de Gabriel. Muchos detalles me los prestó mi amiga Andre, que tiene todo lo que te puedas imaginar para cualquier evento y me salvó de mucho!!!

Los últimos detallitos los compré todos en Love Packaging.

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Gracias a la tía abuela de Gabriel, Camin, que también siempre nos ayuda con los detalles del cumpleaños y este año tuvimos a todo tipo de animales en máscaras para los niños y grandes, y quedaron bellos.

La sorpresa de este año fueron unos colgadores de puerta de trupán, acompañados de un pincel y una tempera, las mamás me hablaron el domingo a decirme que los chicos se habían levantado a pintar su sorpresa felices, me encantó :). Esta veno pusimos caramelos más que en toda la mesa y en la piñata, y la verdad es que el gasto disminuyó y no me preocupe por llenar cierta cantidad de dulces en las bolsitas, cuando en la mesa incluso sobraron.

Otra recomendación: cuando les encarguen algo a sus novios, esposos y padres de sus hijos, HÁGANLES UNA LISTA!!!! Alberto Luis siempre me da una mano en el santo de Gabriel, y este año uno de sus encargos era comprar todo el relleno de la piñata (y lo hizo súper!) Compró dulces riquísimos y juguetes súper lindos… solo le faltó traerlos a Lima!!!!! Se los olvidó todos en Trujillo y el mismo sábado se fue a comprar todo DOBLE. Igual volvió a comprar todo lindo… pero no hubiese estado de más una listita antes de viajar 🙂

Todo el outfit de Gabriel se los regaló su abuela Pao y son de la nueva colección de Colloky, que está preciosa, mi chiqui estaba súper cómodo pero se veía lindo a la vez. 

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Y todas las fotos bellas del cumpleaños son gracias a mi amiga Mariana de Il viaggio, ha capturado lo mejor del show, conectó al toque con Gabriel y en todo el alboroto sabía cómo convencerlo que se tome cada foto. ¡Gracias, Mari, estamos felices!

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Y como siempre, nada de este día hubiera sido posible sin toda mi familia. Desde los piques del padrino de Gabriel hasta la ayuda de lejos, de mis amigos que son familia. Los amigos de mi chanchi que hicieron feliz todo su día, y cada persona que nos acompañó.

Nuestro gordito cumplió cuatro, y nosotros sentimos cuatro años logrados y haciendo lo mejor posible, no podíamos dejar de celebrar la vida más bonita que nos tocó acompañar.

¡Feliz día, Gabriel!

Te confieso, Gabriel. 

Puedo confesarte por acá, para no tener que decirte frente a frente, que aún tengo miedo. 

Que afronto con temor un año más tuyo, sin saber nada lo que se nos viene, solo sabiendo que quiero hacerlo. 

Puedo decirte que aún no tengo cancha al momento que voy a recibir tus informes del nido, siempre entro nerviosa y salgo diciendo: puedo hacerlo mejor. 

Sigo equivocándome cuando te corrijo y cuando te hablo las cosas tal cual son. Sigo sin poder controlar a veces los gritos y no hay nada más pesado que dormirme con las ganas de otro beso más y unos cinco te amo que salgan de tu boca. 

Puedo confesarte que yo también le tengo miedo a la oscuridad, que hasta antes que tú llegues me iba donde la yeya a dormir con ella porque me imaginaba cosas y que a veces te paso a mi cama “para acompañarte” cuando en realidad quien no quiere estar sola soy yo.

Te confieso que no sé cómo te pido que seas paciente o que no te afecten tanto las cosas cuando yo también me molesto cuando algo no sale como quiero y soy la persona más emocional del mundo. 

Te puedo confesar, mi amor, que realmente no sé cómo hacemos. Que hay días que lo único que pienso es que no lo voy a lograr, y llego a abrazarte para que tú sin decirme nada, me digas que acá estás para mí, cuando yo soy quien debe cuidarte de esa manera tan perfecta. 

Y aunque mami no sepa tantas cosas, y no pueda resolver cada situación como quisiera, sabe que algo es cierto: que quiere seguir siendo tu mejor amiga el día que puedas leer esto y en adelante. Sabe que con miedo, las cosas salen mejor y se hacen más desafiantes, poniendo a prueba todo lo mejor de nosotros dos.

Y sé, que a tu lado nada puede estar mal si así lo decidimos. Eres mi luz, mi angelito que llegó a cuidarme, eres quien atenúa mis miedos y el amor más grande que puedo sentir,  Eres por y con quien quiero luchar siempre.

Te amo, mi chiqui bello. 

Mami 

No soy mamá full time

Me iba con cargo de conciencia al trabajo, con angustia y me echaba la culpa de cualquier pataleta, cambio de humor o tristeza que Gabriel podía expresar. No podía más, yo le estaba fallando y él estaba sufriendo por mí. Mi horario anterior era aterrador entre la universidad y el trabajo, un crimen ver tan poquito a mi hijito. Me concentré tanto en eso que dejé de lado la etapa increíble que estaba cerrando, los logros que estaba obteniendo y lo necesario que fue el nacimiento de Gabriel para que todo pase así, tan retador pero feliz.

Mi vida estaba de cabeza y la culpa que invadía tanto mi cuerpo no ayudaba. Hasta que caí en cuenta lo que realmente estaba pasando, me dediqué a mis últimas semanas de universidad y al trabajo feliz, tranquila y sin temores. Sin el tonto miedo que estaba haciendo las cosas mal. Le dije un ratito a la culpa y seguí.

No estoy con mi hijo todos los días y ya no me siento culpable.

No lo llevo ni lo recojo del nido, no almuerzo todos los días con él y me pierdo dos veces a la semana verlo entrenar. He faltado a exposiciones, play dates y actividades que mi hijo tiene de lunes a viernes.

No soy mamá full time y me dejé de sentir culpable cuando me di cuenta que soy feliz así, que mi hijo va a estar bien si no está conmigo y que no le estoy fallando porque tengo un horario de oficina y un trabajo que realmente me encanta, me hace crecer y disfruto.

Cambié mi discurso con Gabriel y dejé de disculparme por no estar 24/7 con él. Llego del trabajo a abrazarlo y cobrarme todos los besos que no le di en el día, sin pena a tirarme a la cama a acurrucarme con él a contarle todo lo que me pasó y él pueda contarme cada actividad, cada logro y problema que sobrellevo. Yo le digo lo bien que me siento en mi nuevo trabajo, lo que voy a hacer pronto y él me cuenta lo que ese día dibujó, con quien jugó y qué pasó en el tenis y en el nido con sus amigos.

Pasamos fines de semana lindos para los dos, nos matamos de risa de cualquier cosa, renegamos pero disfrutamos el uno del otro caminando, saliendo o lo que sea pero estamos bien. Gabriel está feliz por mí, me siente bien y él también puede estarlo. Yo no puedo estar más orgullosa del pequeño mejor amigo que tengo a mi lado y no dejo de sorprenderme de lo mucho que puede lograr el tiempo que estoy y no con él.

No soy mamá full time, tal vez algún día lo sea o tal vez no, pero lo que decida será porque me hace feliz y ya no me siento culpable de eso.

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Amores locos


Hoy iba caminando de regreso a mi casa y vi a un niño de aproximadamente 7 años con su abuela. Iban de la mano conversando, riéndose y haciéndose cosquillas. De manera inmediata me puse a pensar en mi mamá y Gabriel. 

Me di cuenta que en unos años iban a estar así, mi hijo grande y mi mamá cada vez con más energía. Veía a la señora y me ponía a pensar en los ojos de mi mamá cada vez que mira a Gabriel hablar, y en la sonrisa del niño ese gesto cómplice que tiene mi hijo al estar con su yeya, como si supieran todo el uno del otro… Se entienden, se conocen y se necesitan tanto. 

Mi mamá ha calmado tantos llantos, tantos miedos y ha sido el apoyo diario de Gabriel desde que nació. Y obviamente el mío. 

Verlos reír, bromear y entenderse solo como ellos lo pueden hacer de verdad es una bendición. Saber que la confianza es mutua, la alegría de uno es la del otro. Sentir la preocupación diaria de mi hijo por mi mamá es tan tierno. 

Es lindo ver en vivo y en directo esos amores locos y divertidos que se tienen, que se extrañan cuando el otro no está. 

Ver cuánto han crecido juntos, cuánto le ha enseñado ella a él y lo mucho que le ha devuelto él a ella: energía, paciencia y amor, sobretodo eso. Ser la espectadora diariamente, y normalmente solo en la noche que mi mamá me pasa la posta, me llena tanto de vida. 

Irme tranquila al trabajo, a la universidad o a donde fuese no tiene precio. No solo mi hijo está bien cuidado, sino que realmente con mi mamá se siente seguro, protegido y acogido. Esté o no yo, mi mamá es el refugio de Gabriel, es donde él llega ante cualquier situación y comparte tristezas, alegrías y emociones. 


Tenerse el uno al otro es una bendición. Estoy convencida que Dios reservó un Gabriel para su yeya y le acertó. Espero nos siga bendiciendo para que en unos años sean ese dúo divertido que hoy pude ver por la calle y su complicidad sea siempre tan divertida como ahora. 


Gracias a los dos por regalarme tanto ❤️

Los amo. 

#NiUnaMenos

Hoy he llorado con muchos testimonios tristes, valientes y llenos de rencor. Me han temblado las manos al entrar a Facebook y encontrar historia tras historia desgarradora, de mujeres con garra que han vuelto a recordar marcas de su niñez y han decidido unirse por lograr un propósito que como país no alcanzamos: ser respetadas.

Hoy he pensado en mi mamá, en mis tías, en mis primas, en mis amigas y en mi sobrina de 12, que desde el momento que salen de la calle están expuestas. He cruzado un puente y subido a una combi más a la defensiva que nunca. Hoy yo no puedo dormir y no entiendo como autoridades, jueces y personas con poder, pueden poner su cabeza en la almohada sabiendo que hay víctimas que viven con terror porque sus agresores están sueltos y ellos fueron cómplices de eso al no condenarlos. 

Hoy en pensado en esas más de 38000 personas unidas por la causa, en las mujeres que han narrado minuto a minuto cada una de sus experiencias, en todas las mujeres del mundo que tienen miedo de salir y vivir tranquilas, en esas mujeres que no pueden ir a trabajar tranquilas y otras que viven con terror en su casa. 

Hoy en pesando en ellas. Y también en mi hijo. He leído testimonios de mamás de niñas que las protegen para que no vivan lo mismo que ellas, para que se amen, valoren cada parte de su integridad y sepan empoderarlas para saber cuándo existe un abuso. Pero no podía dejar de pensar en mi hijo, varón.

No podía quitarme el peso de la enorme responsabilidad que llevo de criar un hijo alejado del machismo, que sepa respetar a cada ser humano y sepa defender lo injusto, lo inmoral y lo incorrecto. Mi cabeza ha dado vueltas pensando en lo mucho que puede influir en él la cantidad de publicidad machista, la maldita sociedad en la que vivimos y cómo yo puedo luchar acompañada de mi crianza. 

Trabajar con el ejemplo, con la coherencia en casa y hacerle saber que NADIE puede humillar a otra persona porque se le antojó y que un abuso no necesariamente es sexual. Soy de la idea que cada quien es responsable de sus actos cuando crece, pero como padres tenemos el deber de forjar cimientos que hagan hombres y mujeres con valores y correctos, que sepan respetar y diferenciar lo bueno de lo peor.

No es solo preocuparnos que mundo le dejamos a nuestros hijos, sino que hijos le dejamos al mundo.