Carta al papá de mi hijo

Han pasado más de cuatro años desde que asumimos este retazo y quiero decir tantas cosas que aún no te he dicho. 


Quiero, primero, pedirte perdón por tantas veces que no escuché tus “te extraño” y tus reclamos con culpa por querer que seamos más tiempo solo tú y yo. Perdón por todas las veces que caía en la cama, cansada de toda la semana y me quedaba dormida a media película y no era la chica que se veía maratones de sagas completas como antes. 

Perdón, pero gracias por nunca dejar de creer en lo nuestro por más olvidado que estaba. Por no permitirme (y sé que así será después de que leas esto) sentir culpa y disculparme, por entender al igual que yo lo hacía, que nuestra prioridad en la vida ahora era criar. 

Gracias por intentar conmigo tener espacios, aunque hayan sido rutinarios, de solo los dos. Gracias por haber entendido que no perdiste a tu chica, que solo estaba siendo mamá y solamente mamá.

Perdón por culparte de todo cuando a veces no tenías culpa de nada y al contrario, eras el único que podía entender lo que yo estaba sintiendo porque tú te sentías igual. 

Gracias por mirarme con tanto amor cuando reniego con los dos. Por no dejar jamás de molestarme y hacer que el estrés finalmente se me quite burlándome del caos. Gracias por decirme una y otra vez “esto también vamos a poder” cuando me he sentido derrotada y en serio pensaba que el mundo se venía abajo. Gracias, porque nunca has perdido la fe en mí y por confiar en cada uno de mis “es lo mejor que puedo hacer”. Por dejar que me equivoque y equivocarte conmigo. 

Gracias por ser mis cables a la tierra, por frenarme cada vez que me creo la mujer maravilla y creo que puedo hacer todo sola, por recordarme que la misión es de los dos y que si la fregamos, es juntos. 

Pero gracias, también, por mirarme y hacerme sentir esa mujer maravilla. Por jamás dejar de admirarme y por decir que estoy hermosa cuando soy un desastre al levantarme, por llenarme de besos como si oliera a perfume y en realidad huelo a fórmula y a veces, Panadol. 

Gracias por no perder los detalles conmigo, por valorar cada segundo que tenemos juntos. Por ser mi eterno enamorado y porque tú nunca dejaste de ser mi chico.

Gracias, mi amor, por no olvidarnos jamás. Por priorizar a nuestra familia, sin dejar de priorizar nuestra relación y nuestra amistad. Por no ser la única que, si le dieran a elegir, volvería a elegir esta aventura tan difícil. 

Lo estás haciendo increíble. Perdón, también, por casi no decírtelo. 

Te amo, hasta que seamos pasitas. 

Tu chica, que ya regresó. 

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