Te confieso, Gabriel. 

Puedo confesarte por acá, para no tener que decirte frente a frente, que aún tengo miedo. 

Que afronto con temor un año más tuyo, sin saber nada lo que se nos viene, solo sabiendo que quiero hacerlo. 

Puedo decirte que aún no tengo cancha al momento que voy a recibir tus informes del nido, siempre entro nerviosa y salgo diciendo: puedo hacerlo mejor. 

Sigo equivocándome cuando te corrijo y cuando te hablo las cosas tal cual son. Sigo sin poder controlar a veces los gritos y no hay nada más pesado que dormirme con las ganas de otro beso más y unos cinco te amo que salgan de tu boca. 

Puedo confesarte que yo también le tengo miedo a la oscuridad, que hasta antes que tú llegues me iba donde la yeya a dormir con ella porque me imaginaba cosas y que a veces te paso a mi cama “para acompañarte” cuando en realidad quien no quiere estar sola soy yo.

Te confieso que no sé cómo te pido que seas paciente o que no te afecten tanto las cosas cuando yo también me molesto cuando algo no sale como quiero y soy la persona más emocional del mundo. 

Te puedo confesar, mi amor, que realmente no sé cómo hacemos. Que hay días que lo único que pienso es que no lo voy a lograr, y llego a abrazarte para que tú sin decirme nada, me digas que acá estás para mí, cuando yo soy quien debe cuidarte de esa manera tan perfecta. 

Y aunque mami no sepa tantas cosas, y no pueda resolver cada situación como quisiera, sabe que algo es cierto: que quiere seguir siendo tu mejor amiga el día que puedas leer esto y en adelante. Sabe que con miedo, las cosas salen mejor y se hacen más desafiantes, poniendo a prueba todo lo mejor de nosotros dos.

Y sé, que a tu lado nada puede estar mal si así lo decidimos. Eres mi luz, mi angelito que llegó a cuidarme, eres quien atenúa mis miedos y el amor más grande que puedo sentir,  Eres por y con quien quiero luchar siempre.

Te amo, mi chiqui bello. 

Mami 

No soy mamá full time

Me iba con cargo de conciencia al trabajo, con angustia y me echaba la culpa de cualquier pataleta, cambio de humor o tristeza que Gabriel podía expresar. No podía más, yo le estaba fallando y él estaba sufriendo por mí. Mi horario anterior era aterrador entre la universidad y el trabajo, un crimen ver tan poquito a mi hijito. Me concentré tanto en eso que dejé de lado la etapa increíble que estaba cerrando, los logros que estaba obteniendo y lo necesario que fue el nacimiento de Gabriel para que todo pase así, tan retador pero feliz.

Mi vida estaba de cabeza y la culpa que invadía tanto mi cuerpo no ayudaba. Hasta que caí en cuenta lo que realmente estaba pasando, me dediqué a mis últimas semanas de universidad y al trabajo feliz, tranquila y sin temores. Sin el tonto miedo que estaba haciendo las cosas mal. Le dije un ratito a la culpa y seguí.

No estoy con mi hijo todos los días y ya no me siento culpable.

No lo llevo ni lo recojo del nido, no almuerzo todos los días con él y me pierdo dos veces a la semana verlo entrenar. He faltado a exposiciones, play dates y actividades que mi hijo tiene de lunes a viernes.

No soy mamá full time y me dejé de sentir culpable cuando me di cuenta que soy feliz así, que mi hijo va a estar bien si no está conmigo y que no le estoy fallando porque tengo un horario de oficina y un trabajo que realmente me encanta, me hace crecer y disfruto.

Cambié mi discurso con Gabriel y dejé de disculparme por no estar 24/7 con él. Llego del trabajo a abrazarlo y cobrarme todos los besos que no le di en el día, sin pena a tirarme a la cama a acurrucarme con él a contarle todo lo que me pasó y él pueda contarme cada actividad, cada logro y problema que sobrellevo. Yo le digo lo bien que me siento en mi nuevo trabajo, lo que voy a hacer pronto y él me cuenta lo que ese día dibujó, con quien jugó y qué pasó en el tenis y en el nido con sus amigos.

Pasamos fines de semana lindos para los dos, nos matamos de risa de cualquier cosa, renegamos pero disfrutamos el uno del otro caminando, saliendo o lo que sea pero estamos bien. Gabriel está feliz por mí, me siente bien y él también puede estarlo. Yo no puedo estar más orgullosa del pequeño mejor amigo que tengo a mi lado y no dejo de sorprenderme de lo mucho que puede lograr el tiempo que estoy y no con él.

No soy mamá full time, tal vez algún día lo sea o tal vez no, pero lo que decida será porque me hace feliz y ya no me siento culpable de eso.

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