Amores locos


Hoy iba caminando de regreso a mi casa y vi a un niño de aproximadamente 7 años con su abuela. Iban de la mano conversando, riéndose y haciéndose cosquillas. De manera inmediata me puse a pensar en mi mamá y Gabriel. 

Me di cuenta que en unos años iban a estar así, mi hijo grande y mi mamá cada vez con más energía. Veía a la señora y me ponía a pensar en los ojos de mi mamá cada vez que mira a Gabriel hablar, y en la sonrisa del niño ese gesto cómplice que tiene mi hijo al estar con su yeya, como si supieran todo el uno del otro… Se entienden, se conocen y se necesitan tanto. 

Mi mamá ha calmado tantos llantos, tantos miedos y ha sido el apoyo diario de Gabriel desde que nació. Y obviamente el mío. 

Verlos reír, bromear y entenderse solo como ellos lo pueden hacer de verdad es una bendición. Saber que la confianza es mutua, la alegría de uno es la del otro. Sentir la preocupación diaria de mi hijo por mi mamá es tan tierno. 

Es lindo ver en vivo y en directo esos amores locos y divertidos que se tienen, que se extrañan cuando el otro no está. 

Ver cuánto han crecido juntos, cuánto le ha enseñado ella a él y lo mucho que le ha devuelto él a ella: energía, paciencia y amor, sobretodo eso. Ser la espectadora diariamente, y normalmente solo en la noche que mi mamá me pasa la posta, me llena tanto de vida. 

Irme tranquila al trabajo, a la universidad o a donde fuese no tiene precio. No solo mi hijo está bien cuidado, sino que realmente con mi mamá se siente seguro, protegido y acogido. Esté o no yo, mi mamá es el refugio de Gabriel, es donde él llega ante cualquier situación y comparte tristezas, alegrías y emociones. 


Tenerse el uno al otro es una bendición. Estoy convencida que Dios reservó un Gabriel para su yeya y le acertó. Espero nos siga bendiciendo para que en unos años sean ese dúo divertido que hoy pude ver por la calle y su complicidad sea siempre tan divertida como ahora. 


Gracias a los dos por regalarme tanto ❤️

Los amo. 

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