El porqué no me detuve

 

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Hace tres años y medio llegó Gabriel a alborotar cada minuto de mi día. Mis tiempos se volvieron compartidos, alocados, agitados y tan diferentes.

Cuando Gabriel llegó al mundo me veía tan lejos de tantas metas, y en realidad lo estaba, mi cabeza a diario se atormentaba preguntándose sí podría hacer cada cosa que se me presentaría.

La llegada de mi hijo no era impedimento de nada, era un impulso más poderoso que cualquier otro. Gabriel llegó pesando menos de 4 kilos, pero tenía la fuerza más grande de todas. Llegó teniendo ese carácter fuerte que me reta cada día, esos ojos penetrantes que solo saben decirme que cada vez podemos más, que confían en mí y en nosotros.

No tenía porqué detenerme a NADA. Al contrario. Tenía que avanzar, rápido pero sin perderme cada instante de él. Tenía que combinar tres aspectos de mi vida por mi familia, por él, pero sobretodo por mí.

Él solo llegó porque tenía que ser así. Porque los tiempos de Dios son perfectos. Llegó para empujarme fuerte hacia la meta, pero siempre caminando de su mano. Llegó porque así lo quisimos los dos y porque yo lo necesitaba y seguramente él a mí.

Mi hijo se convirtió en mi motor potente, en mi compañero y mi complemento. Vino a encajar todo el rompecabezas de mi vida para darle más sentido. Él me demostró que lo imposible se puede y me puso en la vida a las personas más increíbles.

Él aún no hablaba pero era quien me decía que tenía que continuar, y hasta el día de hoy es quien me dice que si yo quiero, se va a poder. Es el fuerte de los dos. Quien me hace ser mejor cada día para él y para mí.

No había una sola razón por la cual detenerme, al contrario, habían miles para avanzar.

Quimera: un concepto diferente en fiesta infantiles

El fin de semana Gabriel y yo vivimos la experiencia Quimera y pasamos una tarde linda, llena de energía y lo más bonito fue que compartimos mucho juntos.

Esta nueva opción de fiesta infantil te ofrece vivir una experiencia diferente para la celebración de los cumpleaños de tus hijos. Todos los servicios que ofrecen están pensados en el compartir entre padres e hijos. Es típico que vayamos a una fiesta, los chicos participen del show y nosotros los veamos sentados. Aquí no.

Quimera ofrece diversión para grandes y chicos durante toda la fiesta. Desde que llegas la pasas mostro y en familia. Puedes elegir todo el paquete completo o escoger los servicios según lo que tú necesites:

  • Juegos Quimera, diseñados para que los adultos y los niños se diviertan, con la asesoría de guías durante toda la celebración.
  • Catering (para grandes y pequeños) personalizado según la temática elegida.
  • Decoración integral del evento.
  • Shows interactivos, según la edad de los niños, incentivado la participación de los adultos.
  • Party Planner para fiestas infantiles o celebraciones de empresas, para los hijos de sus trabajadores (asesoría personalizada)

Quimera tiene lo que a nuestros chicos les gusta con el plus de incluirnos en cada actividad. Nosotros de verdad la pasamos lindo. Y los dos coincidíamos que nuestras partes favoritas fueron cuando jugamos juntos, o participamos en tal actividad, o creamos tal cosa JUNTOS.

Quimera es una nueva linda opción para los próximos cumples de nuestros hijos con una temática diferente pero manteniendo lo que disfrutan los chicos.

¡Gracias por tan linda experiencia, amigos de Quimera!

 

No pidas lo que tú no haces

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Pedirles a nuestros hijos que se comporten así, que hagan esto y no lo otro, que “esa no es la forma de contestar”, que eso está bien y eso está mal, es nuestra tarea. Y es muy fácil de pedir. Finalmente nosotros somos los padres y las primeras guías de nuestros pequeños. Somos su ejemplo, y probablemente, a su corta edad, la persona que les inspira a ser de grandes. Por muchos de sus primeros años somos “la autoridad” (qué feo suena, pero es la verdad). Somos quienes decidimos muchas de las cosas, quienes imponemos normas y reglas para su desarrollo.
Cada familia (mamá, papá o abuelos) tienen su forma de criar, su forma de decir las cosas y su perspectiva de la misma crianza. Pero estoy segura que todos queremos lograr un mismo objetivo: formar niños felices que sepan respetar y portarse de manera adecuada ante cualquier situación que se les presente.
Y para lograr este fin tratamos de guiarlos en su comportamiento para que sepan que está bien y que no. Pero ¿qué pasa cuando les pedimos algo y no existe coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos? La tarea se vuelve mucho más complicada.
¿Cómo le pedimos a nuestros hijos que no hagan algo si nos ven a nosotros (su más grande ejemplo en la vida) que hacemos lo mismo? Y eso puede pasarnos a cada instante. Les podemos estar gritando para pedirles a ellos QUE NO GRITEN. Y muchas veces la desesperación o el enojo no dejan que nos demos cuenta.
No podemos insertar una dieta balanceada, sana y rica en vitaminas y proteínas en nuestros hijos cuando nosotros mismos no seguimos una alimentación saludable y con todos los requisitos que les estamos pidiendo a ellos.
Tratamos que nuestros hijos sepan respetar a los demás, compartan sus cosas y toleren diferencias (entre primos, amiguitos del nido y otros niños de su edad), pero lo mismo deberían ver en casa. Saber que existen diferencias entre las personas y que con respeto todo se puede resolver. Sino ven eso, estamos locos exigiéndoles algo así.
Vivir de forma incoherente no solo confunde la mente de nuestros hijos, sino que también hace que pierdan la confianza en nosotros. Ya que si nosotros no seguimos lo mismo que les pedimos, estamos faltando a nuestra palabra.

 

Es cierto que no solo somos padres, sino también seres humanos y estamos en todo el derecho de equivocarnos y fregarla. Pero es importante que sepamos admitir nuestros errores frente a ellos, saber disculparnos y esforzarnos por ser mejores para ellos, pero sobretodo para nosotros mismo.