¡Disfruta su vida! Y la tuya.

La mitad del año pasado fueron meses de angustia. Yo no conseguía trabajo por mis horarios de la universidad, por la crisis, por ser mamá, realmente no sé. Entré en una depresión horrible, una ansiedad que jamás había experimentado. No dejaba el celular de lado por si me llamaran de alguna empresa. Lloraba, no dormía, me sumergí en mis cursos y saqué muy buenas notas pero seguía frustrada. Dejé de escribir en el blog, las palabras no me salían, me la pasaba realmente triste.

Me fui de vacaciones y la angustia seguía, no podía estar tranquila. Pensaba, pensaba y pensaba. Tanto fue mi problema que terminé en el hospital con un dolor insoportable en el estómago que no me dejaba respirar. Fue terrible.

A comienzo de año conseguí trabajo. Fui feliz. Quedaba cerca a mi casa, a mi universidad, podía almorzar con mi hijo, pero lo veía muy poco también por la universidad. Gabriel me apoyó a más no poder. Por motivos de la vida, y solo entiendo que Dios ha dispuesto las cosas para mí, he vuelto a quedarme sin trabajo. Así de rápido, así de sencillo, y así de salada. La angustia está volviendo a mí y la pena quiere vencer a mi cuerpo. Pero ¿saben qué? No voy a dejarles la puerta abierta para que entren otra vez.

Todo el tiempo que la pasé mal, no fui solo yo. Porque me tiraba a la cama y quería solo dormir, pensando solo en mi tristeza cuando junto a mí había mucho más. Mi hijo seguía creciendo y yo estaba quemando sus etapas a lado. Me estaba alejando de él llevándolo al nido, durmiendo con él y dándole de comer. Estaba perdiendo sus experiencias. Me estaba dando por vencida cuando una parte de mí no estaba bien pero lo demás sí.

Las cosas no siempre salen como uno quiere, y cuando la fe está por irse, puedes ver los ojos de tu hijo y ver que la bendición más grande ya te llegó, y si puedes ser tan bendecida para ser mamá, pronto serás bendecida para lo demás. La tristeza no me dejaba ver lo increíble que es mi familia, lo lindo que es tener a mi mamá a lado a diario como compañera. El aislarme me alejó de mi pareja y no me dejaba ser feliz porque todo era tristeza y preocupación. Creía que aislándome de todos (y de todo) la angustia necesitaba ser solo mía.

Es cierto que las crisis te agobian, que el trabajo, la universidad o lo que sea te recargan tanto que de verdad crees que vas a explotar. Y siendo sincera, el estrés de la maternidad, las relaciones y los problemas no ayudan mucho. Pero lo cierto es, que la etapa es una sola. Los hijos son niños una sola vez, y cada día es un aprendizaje nuevo para ellos que te lo puedes estar perdiendo.

Hoy no me permito derrotarme, no me permito agachar la cabeza y rendirme. No me puedo permitir que Gabriel cumpla más meses de vida y yo siga mal. Él no lo merece, y yo tampoco. Refugiarte en tu familia, sentirte acompañada, hablar de lo que te pasa, ayuda y mucho.

Haz lo que te gusta, haz deporte, reza, camina, canta, o lo que sea que te haga feliz, PERO HAZLO. Distrae tu mente y no te agobies. Disfruta tus años, los años de tu familia y en especial los de tus hijos. El tiempo no te va a esperar.

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