Enójate también

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Puedo entender tus arranques, tu frustración y tu contención cada día que pasa. Puedo entender tus pataletas, tus enojos por cosas que para mí pueden ser simples, pero que para ti significan tanto.

Soy tu mamá, tu guía, tu ejemplo pero no soy quien dice qué debes sentir. Estoy del otro lado de lado de la situación, soy yo quien se va y no quien se queda esperando.

Puedo explicarte mucho, calmarte, hablar lo que necesites y abrazar cada llanto. Puedo mirarte fijamente a los ojos para devolverte la seguridad que me pides sin decirlo, besarte sin terminar, prometerte que todo va a estar bien. Todo eso puedo, menos pedirte que no te enojes.

Descarga tu tristeza en gritos y bota cada sentimiento que no te quieres guardar. Es la única forma, a tus cortos tres años, de reclamar con todo tu ser la ausencia, la molestia, el cansancio y la falta de mí.

Mamá te ha enseñado que no tiene nada de malo llorar y más cuando hay razones tan importantes para ti. No hay nada malo en expulsar lo que sientes y sentirse frustrado cuando las cosas no salen como uno quisiera. No te hace más fuerte guardarte las cosas, ni menos más débil llorar.

Entiendo tus gritos, tus abrazos desesperados y tus “no te vayas, mamá”. Y siempre los voy a entender. Lo único que no puedo esperar es que tú entiendas todo con tanta facilidad como yo. Y sobretodo que aceptes la situación.

El enojo está en ti, y quiero creer que pronto se irá haciendo más chiquito conforme tu seas más grande. Por ahora enójate, patalea, no respires contando hasta tres y bota toda tu cólera, mamá estará en ésta y todas las etapas que tengamos que asumir juntos.

Mamá siempre estará junto a ti.

Te amo. Siempre.

 

Conociendo al Hada de los dientes

El día de ayer Gabriel, la yeya y yo conocimos a la doctora Agueda y un lindo lugar llamado Hada de los dientes.

Para empezar, debo confesarles que yo estaba súper nerviosa sobre qué me dirían, cómo se iba a sentir Gabriel ya que para uno mismo es complicado ir al dentista y que te revisen, imagínense para un niño. Lo que yo recomendaría, en primer lugar, es que traten que sus hijos los acompañen a sus visitas con el dentista. Yo tuve un tratamiento casi todo el año pasado y Gabriel me acompañaba a todas mis citas, veía que todo estaba bien y que no había porqué temer y de paso le daban una revisadita simple para ver si todo estaba ok. (no la primera vez, claro, pero sí las siguientes citas)

Ayer le tocó el turno a Gabriel y fue él quien se sentaría en la silla como paciente y realmente lo disfrutó muchísimo. Un par de días antes le conté que iríamos a un lugar especialmente para él para enseñarle a la doctora lo bien que se cepillaba los dientes y cuánto los estaba cuidando. Así que llegó al gran día todo emocionado.

Desde que llegamos nos recibieron con mucho cariño y paciencia. Es un lugar ambientado especialmente para los chicos, con juegos, actividades y dibujitos mientras esperan su turno.

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Rápidamente salió la doctora a conocer a Gabriel y a presentarse.Él accedió a conversar con ella un ratito, a sentarse en la silla y enseñarle cómo estaban sus dientes. Me encantó porque le fue explicando paso a paso lo que iba a suceder, contaron juntos sus dientes y le iba enseñando por un espejo cada una de sus muelitas y dientes. Al momento de la limpieza Gabriel veía cada cosa qué pasaba.

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Agueda tiene una metodología distinta para trabajar con los chicos y conecta muy bien con ellos. Al menos con Gabriel lo hizo, y déjenme decirles que mi chanchi no es fácil al momento de pasar con doctores, cortes de pelo o situaciones de mucho contacto con personas que no conoce. Sin embargo, en esta experiencia la pasó súper, estuvo recontra cómodo y colaboró toda la cita. De verdad, mi mamá y yo no lo podíamos creer.

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En Hada de los dientes además de las consultas con los chicos, se trata también de realizar un trabajo conjunto con nosotros para saber cómo cepillarles en casa y realizar un completo cuidado bucal de los chicos. Y de nosotros también, porque también atiende a adultos. 🙂

Les cuento que desde ahora la doctora Agueda es colaboradora del blog, y nos va a ayudar con algunos tips para nuestros hijos y su limpieza bucal, así que ya sabrán más de ella por este espacio!!

Y bueno, lo prometido es deuda!! Tenemos un sorteo para sus chiquis!!

Una consulta, profilaxis y flúor. Además de un regalo sorpresa de Hada de los dientes para el ganador o ganadora. Solo deben seguir los siguientes pasos:

  1. Darle like al fanpage de Hada de los dientes 
  2. Darle like al fanpage de Legalmente mamá
  3. Compartir este post etiquetando a dos mamis más.

Y para todas las mamis que vayan al consultorio diciendo que vieron el post de Legalmente mamá tienen el 20% con Hada de los dientes, ¡no se lo pierdan!

Pueden separar su cita a través de su fanpage o a los teléfonos: 2248910 – 949968931

¡Mucha suerte!

Que tengan lindo día!!!

Mily.

 

 

¡Disfruta su vida! Y la tuya.

La mitad del año pasado fueron meses de angustia. Yo no conseguía trabajo por mis horarios de la universidad, por la crisis, por ser mamá, realmente no sé. Entré en una depresión horrible, una ansiedad que jamás había experimentado. No dejaba el celular de lado por si me llamaran de alguna empresa. Lloraba, no dormía, me sumergí en mis cursos y saqué muy buenas notas pero seguía frustrada. Dejé de escribir en el blog, las palabras no me salían, me la pasaba realmente triste.

Me fui de vacaciones y la angustia seguía, no podía estar tranquila. Pensaba, pensaba y pensaba. Tanto fue mi problema que terminé en el hospital con un dolor insoportable en el estómago que no me dejaba respirar. Fue terrible.

A comienzo de año conseguí trabajo. Fui feliz. Quedaba cerca a mi casa, a mi universidad, podía almorzar con mi hijo, pero lo veía muy poco también por la universidad. Gabriel me apoyó a más no poder. Por motivos de la vida, y solo entiendo que Dios ha dispuesto las cosas para mí, he vuelto a quedarme sin trabajo. Así de rápido, así de sencillo, y así de salada. La angustia está volviendo a mí y la pena quiere vencer a mi cuerpo. Pero ¿saben qué? No voy a dejarles la puerta abierta para que entren otra vez.

Todo el tiempo que la pasé mal, no fui solo yo. Porque me tiraba a la cama y quería solo dormir, pensando solo en mi tristeza cuando junto a mí había mucho más. Mi hijo seguía creciendo y yo estaba quemando sus etapas a lado. Me estaba alejando de él llevándolo al nido, durmiendo con él y dándole de comer. Estaba perdiendo sus experiencias. Me estaba dando por vencida cuando una parte de mí no estaba bien pero lo demás sí.

Las cosas no siempre salen como uno quiere, y cuando la fe está por irse, puedes ver los ojos de tu hijo y ver que la bendición más grande ya te llegó, y si puedes ser tan bendecida para ser mamá, pronto serás bendecida para lo demás. La tristeza no me dejaba ver lo increíble que es mi familia, lo lindo que es tener a mi mamá a lado a diario como compañera. El aislarme me alejó de mi pareja y no me dejaba ser feliz porque todo era tristeza y preocupación. Creía que aislándome de todos (y de todo) la angustia necesitaba ser solo mía.

Es cierto que las crisis te agobian, que el trabajo, la universidad o lo que sea te recargan tanto que de verdad crees que vas a explotar. Y siendo sincera, el estrés de la maternidad, las relaciones y los problemas no ayudan mucho. Pero lo cierto es, que la etapa es una sola. Los hijos son niños una sola vez, y cada día es un aprendizaje nuevo para ellos que te lo puedes estar perdiendo.

Hoy no me permito derrotarme, no me permito agachar la cabeza y rendirme. No me puedo permitir que Gabriel cumpla más meses de vida y yo siga mal. Él no lo merece, y yo tampoco. Refugiarte en tu familia, sentirte acompañada, hablar de lo que te pasa, ayuda y mucho.

Haz lo que te gusta, haz deporte, reza, camina, canta, o lo que sea que te haga feliz, PERO HAZLO. Distrae tu mente y no te agobies. Disfruta tus años, los años de tu familia y en especial los de tus hijos. El tiempo no te va a esperar.

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