¡Felices tres, mi amor!


Hoy son tres años desde que llegaste a mí. Desde el cielo, estoy segura.

Son tres años de responsabilidad, amor, paz, gritos y risas. Hace tres años yo nací contigo. Nació mamá también. Son tres años de culpas pero de full orgullo. Orgullo por ti, por mí y nuestra familia.

Contigo nunca más me desperté sola ni me fui a dormir sin rezar. Contigo no duermo completo hace tres años y mi fe es más grande. Contigo se acabaron mis miedos más fuertes y llegaron otros diferentes. Ahora mi corazón se acelera más rápido por ratos y duerme completamente tranquila en tu pecho y con tus manos en mi cara.

Sin ti mi vida seguiría siendo la misma, feliz pero igual. No tendría retos, no tendría emoción. Seguro no valoraría, no amaría tanto. Contigo he vuelto a ser niña y crecí como mujer. Río más y lloro también de risa. Sueño el doble y busco un 100% más para mí, para ti, para todos nosotros.

Has hecho tanto.

Tu llegada ha formado el mejor equipo de la historia. Nos has hecho crecer como familia, soñar por ti, amarnos y valorarnos cada día más. Nos has construido una historia. Has sacado lo mejor de papá, de la yeya y de mí . Has logrado contrastar tres pensamientos distintos y complejos pero que se ponen de acuerdo para ti.

Tú has fortalecido la relación de mamá y papá tanto, has hecho que nos tracemos metas juntos y luchemos porque cada día seamos mejores para el otro y para ti. Nos has hecho partners, mejores amigos y compañeros de vida.

Me has enseñado a pedir perdón y me has dado fuerza con tus ojos y tus “te amo” diarios.

He perdido tanto la paciencia y he rogado tener más.

Has llegado a completar mi vida. A hacerla tan difícil, tan hermosa, tan llena de retos. Contigo quiero una mejor versión de mí. Contigo me cuestiono a diario si lo estoy haciendo bien, si me estoy equivocando. Si soy lo suficientemente responsable, divertida o amorosa.

Son tres años los que has llenado mi corazón de tanto. Tres años completos de amor puro. Tres años de crecimiento. De altos y bajos, pero tres años junto a ti. Son tres años de tu vida y no podría estar más feliz con todo lo que hemos logrado. Cada paso que hemos dado juntos de la mano. Desde dejar el pañal hasta estar a punto de terminar la universidad.. Es una dicha hacer todo como equipo. Y vamos por mucho más.

Gracias por regalarme este tiempo, por escogerme. Por dejarme ver tus ojos, por contarme tus temores y llenar mi vida de tus alegrías. Gracias por entender tanto, por ser tan maduro para comprender mejor que papá y mamá nuestra situación como familia. Gracias por ayudarme y enseñarme tanto. Por hacer que ame la vida y a nuestra familia. Gracias, gracias, gracias por estos tres años.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

Te amo, mi niño guiande, hasta el infinito y más allá siempre.

Mamá.

No estoy llenando ningún vacío

¿A veces te pasa que te sientes súper culpable por no estar más tiempo con tus hijos? Y en verdad… ¿A quién no le gustaría divertirse un montón a diario con sus bebés? Poder desayunar, almorzar y cenar con ellos sin que nada nos lo impida. Pero no todo se puede. El trabajo, los estudios y las diferentes cosas de la vida no nos permiten estar al 100% con nuestros hijos como uno quisiera. Pero SIEMPRE (o la mayoría de veces) nos sentimos culpables.
Seas papá o mamá… te duele, te pone triste o hasta te enfurece perderte varias cosas de tus hijos y probablemente sepas que a ellos también les pone triste o les enoja (a veces mucho) no verte en todas sus actividades o en su día a día. Y bueno, tratamos de “llenar esos vacíos” a veces, ¿no?

Sin título

A mí me ha pasado. Mis horarios varían muchísimo ciclo a ciclo y era (sí, era) muy difícil para mí separarme de Gabriel. Me daba pena, pensaba que mi hijito sufría y a su manera, con sus rabietas, me lo hacía saber. Hubo un par de berrinches en el nido a comienzo de ciclo que me incomodaron mucho… Yo sentía culpa doble. Gabriel de por sí ve muy poco a su papá porque él vive en provincia y decía… Ya tiene suficiente, ¿encima ahora me voy a ir yo? Hablé con él y le dije que si se esforzaba en portarse bien yo me iba a esforzar en comprarle una vez por semana unos muñequitos que él me pedía.
Lo mismo le pasó a su papá. Ya se imaginarán la culpa del pobre, ¿no? Entonces apenas llegaba íbamos a comprarle juguetes y de cierta manera… disculparse por el tiempo que no estaba con él. Y bueno… al poco tiempo pudimos ver lo equivocados que estábamos. Gabriel comenzó a relacionar la llegada de su papá con la compra de nuevos juguetes y sus esfuerzos con premios.
Lo estábamos fregando… ¡De verdad! Yo lo sentía así y su actitud me lo demostraba. El hecho de que los niños relacionen una buena acción con un premio no permite que interioricen lo bueno de dicha acción. Comprarles un juguete o la colección entera no va a hacer que sientan menos nuestra ausencia o no se sientan tristes. Sí pues… les va a alegrar mucho tener ese juguete y ¿cuánto les va a durar esa felicidad? Sí algo les molesta, los pone triste o los lastima… el juguete no los va a aliviar.
Nosotros hemos aprendido a aceptar lo que nos ha tocado. Primero Alberto Luis y yo… y ahora estamos trabajando eso con Gabriel. Sí… suena muy crudo y difícil porque él tiene menos de tres años y no le podemos pedir que asimile tan rápido. Lo primero es saber que nos ha tocado vivir estos primeros años separados y que mamá tiene que ir a clases en diferentes horas de su día. Que él va a pasar mucho tiempo con la yeya, en el nido y que algunos fines de semana va a pasarlos con mamá y otros con toda su familia. La idea es explicarle que esta situación no va a ser para siempre y pronto estaremos todos juntos (de verdad, ¡¡¡¡¡ya pronto!!!!! ☺ ).
Con todo esto no quiero decir que no les compremos juguetes a nuestros hijos. Podemos hacerlo cuando nos provoque y llevárselo de regalo. Tal vez diciendo “Lo vi y pensé que te podría gustar” y no “Esto es porque te portaste bien” o “porque comiste toda la comida”.
Nuestros hijos son muy hábiles e inteligentes. La idea es acompañarlos en las situaciones felices y en las duras que les toca vivir por nuestras diferentes actividades. Las rabietas van a seguir y es su manera de reclamar la ausencia o hacernos saber su molestia. ¿Qué tal si los acompañamos ahí? Un abrazo de contención, que les diga “yo estoy aquí y te entiendo” o alentarlos a que nos cuenten qué les molesta o porqué están tan fastidiados. Y si ya sabemos por qué… Conversarlo con ellos siempre, sin prometer que si entienden habrá un premio. Solo dejarles muy claro que no están solos.

ndjas