¿Por qué tú?

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No sé si sabías, mi amor, pero eres un niño muy especial. Yo sé que probablemente todas las mamis del mundo deben creer lo mismo de sus hijos, pero en mi caso, lo que te digo es taaaan pero taaaaaaaaaan cierto.                                                                      ¿Por qué fuiste tú? ¿Por qué fuiste exactamente tú, Gabriel, chanchi de ojos bellos y largas pestañas, que decidió llegar a mi vientre en enero del 2012? ¿Por qué fue en ese momento, en ese tiempo, en ese año y en esta edad que llegaste a alborotar mi vida? ¿Por qué Dios me mandó un varoncito feliz y travieso? ¿Por qué tú, bebé? 

Llegaste a mi vida en plena universidad, decidiste conocerme y hacerme entender que la vida cobra mucho más sentido cuando tienes a alguien tan importante como tú. Naciste para hacerme valorar cada detalle, para hacerme aprender, para que me esfuerce el doble o el triple que antes. Llegaste para que mejorara mis notas y me guste más mi carrera. Llegaste para ser el hombre – niño de mi vida y cuidarme cada vez que lo necesito. Llegaste a protegerme, a unirme más con Dios, a hacerme acordar que tengo que rezar con las manitos juntas en la noche y con los ojos cerrados (a veces) para que Jesucito en realidad me escuche. 

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Me hiciste crecer, tal vez incluso hasta madurar. Llegaste para que deje de ser egoísta y no solo piense en mi. Llegaste para que quiera siempre lo mejor con esfuerzos, sacrificios y esperanza. Me llenaste la vida de fe. Me devolviste a mi mamá, me hiciste entender mucho a mi papá. Llegaste para que conozca realmente a tu papi y lo quiera con todo el corazón, más que nunca. 

Decidiste crecer dentro de mi y llegar a mi mundo infantil para darme una lavada cara y enseñarme como son las cosas en verdad. Llegaste a mi vida para alegrarla, ponerla difícil y así apreciarla más. Fuiste tú, porque así Dios lo quiso para mí. Fuiste tú el elegido para mí, en el momento dado, el lugar correcto y el año difícil, porque solo Él sabe lo que hace, y Él lo hizo bien. 

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Fuiste tú, Gabriel, porque ningún otr@ niñ@ podría hacer lo que haces tú por mí. Nadie que no seas tú podría llenarme la vida como lo haces tú. Nadie, absolutamente nadie podría darme esos besos semidormido y abrazarme cuando lo necesito. Tú eres el único que con su solo mirar con pestañas gigantes me dice que todo va a estar bien. Tú eres el único que puede enseñarme una carita de eterna felicidad cuando llego y hacerme saber que me extrañaste tanto como yo a ti, que estás feliz de verme y que mueres por jugar y abrazarme, pasar el máximo tiempo conmigo. Sólo tú puedes hacerme sentir segura de todo, sin tener miedo de nada. 

Cada vez que te pregunto, ¿Gabriel, estás feliz? y me dices YA (que son como un sí), y me sonríes, me dices que estamos por buen camino, que mi equipo incondicional – tu papá, tu mamama y yo – estamos haciendo las cosas bien y eres un niño pleno. Estamos formando un niño sano emocionalmente, amoroso, inteligente y un hombrecito de bien. 

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Sólo tú me dices, sin necesidad de hablar, que estás orgulloso de mi, cosa que hace tiempo alguien no me dice. Así que gracias. Gracias por elegirme a mí, por decidir por mí como mamá. Por pedirle a tu amigo Jesucito, que es niño como tú, que llegaras a mi vida cuando más lo necesitaba. Gracias por confiar en mí y darme esta increíble vida. Gracias por ser tú, tal y como eres, sin nada extra, ni nada menos. Eres el mejor hijo del mundo, y el mejor regalo de todos. 

Mami.

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