Estar en la universidad (y ser mamá) es una cosa de locos!

No sabes lo lindo que es tenerte a mi lado. Ya estás conmigo un año, un mes y un día desde que saliste de panza, y cada instante ha sido increíble para mí, pero no han dejado de ser difíciles. 

Lo que pasa, mi amor, es que eres muy pegado a mami (cosa que a mí me encanta porque me haces sentir hiper feliz), pero esto implica que cuando me voy a la universidad llores tan pero tan fuerte que se escucha hasta el primer piso tu llantito desconsolado (y vivimos en el séptimo) y me vaya en el ascensor igual de desconsolada yo, pensando en solo regresar a abrazarte. Y es que, con el tiempo pasando y tú cada vez más grande y más vivo, te das cuentas que es hora de separarnos en cuánto comienzo a alistar mi cartera. ¡Ya no me sirve mucho el entretenerte y salirme a escondidas! Pero como siempre te digo, siempre regresaré y siempre regreso si o no? Regreso a que te alegres apenas escuches el timbre y le digas a tu abuela que soy yo quien llego y en cuanto se abre la puerta, me estires tus mini bracitos para que te apachurre y recontra bese todo lo que no he hecho en la tarde. Pero a veces hay semanas (como esta por ejemplo) que tengo que entretenerte con cualquier otra cosa para poder avanzar un poquito mis trabajos (te aseguro, mi amor, que mis grupos de trabajo de la universidad no querrán volver a trabajar conmigo en ningún otro ciclo, siempre soy la última en entregar TODO) y no sabes lo que me cuesta dejar de ver la tele contigo o jugar a las cosquillas, o darte tu tete. Pero prometo, y queda escrito aquí, que ni más me meto tan tarde a cursos que interfieran con tu hora de comer – dormir – jugar – bañarte. Ya no más!! 

Solo quería agradecerte porque desde que llegaste al mundo, si bien no tengo horas completas disponibles para estudiar, hacer trabajos, leer, escribir, etc., a pesar de TODO eso, tengo muchas mejores notas en cada curso, las cosas las hago con más empeño, con más ganas y más fe de todo, y tú eres el culpable de eso. Eres mi motorcito chiquito para seguir adelante y meterle punche a todo. Quiero transmitirte la pasión que tengo por cada cosa que hago en mi carrera (que me encanta, además) para que cuando tú decidas optar por algo, lo hagas con todas las ganas del mundo y te des cuenta que si haces lo que te gusta vas a ser feliz. Pero bueno, por el momento de hacerte feliz me encargo yo.

Solo tolera un poquito mi última semanita de la u, y volveremos a estar juntos para hacer mil cosas que tengo planeado. ¿Ya?          Y gracias por ser un niño feliz y hacerme saber que así existan mil dificultades, cientos de pruebas que nos pone Dios; así haya cansancio y muchas veces tenga miedo de rendirme, al final de todo (como dice tu abuela), te tengo a ti. Y eso no lo cambio por nada. Te tengo a ti para mi impulso, para reír, para ser feliz y para seguir saliendo adelante de la manito. (Te cuento que lo estamos logrando muy bien pero siempre con ayuda increíble que después te contaré).

Te ama.

Milly.

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¡Volvimos!

Hace muuuuuuuucho tiempo no escribía, y la verdad muchas cosas me animaron a regresar. Si bien no estoy en las mejores épocas ya que tengo exámenes finales, trabajos que entregar, pronta mudanza, ah.. y ser lo que suelo hacer a tiempo completo: ser mamá, me dió ganas de volver a contar mis experiencias como mami joven. Sé que no hay muchos seguidores además de mis amigos, amigos de mi mamá y ahí nada más, pero mi propósito es que Gabriel algún día lea este tipo cartitas y experiencias de a pocos y se dé cuenta cómo fue criarlo cuando aún era tan joven. Qué tantos malabares hacía junto a mi mamá y su papá para cuidarlo y que siempre esté feliz. 

Así que, volvimos. Para contar un poquito como aprendo a ser mami y cómo Gabriel aprende a ser feliz. Y bueno, es un pretexto para combinar dos de las cosas que me fascinan, y una es escribir.

Hasta pronto!

Milly.