¡LLEGÓ!

Tengo a mi rey precioso a lado mío, POR FIN. Hace más de un mes que no escribo y siento que tengo tanto por decir, los días se han pasado volando (aunque los previos a tu llegada se hicieron más que largos). Olvidé por completo escribir, pero no perdí las ganas. 

LO AMO TANTO. 

Es mi vida, y es algo que jamás se podrá explicar si es que una persona no la siente. Gabriel es una cosita bella, frágil, pequeñita, delicada, hermosa. 

Tengo ganas de cuidarlo siempre. Y las cosas no se han tornado del todo fácil, pero él me ha ayudado a aprender, a que todo el amor que siento por él se convierta en cuidados, mimos, engremientos y sobretodo ganas de aprender. 

Las noches se hacen cortitas, y las madrugadas súper tiernas, ligeras y sólo un poquito difícil. Pero su carita, su pelito, su llantito calmado hace que todo valga la pena. Nunca me sentí tan necesaria en la vida de alguien. Y nunca me sentí tan especial. Pero más necesario es él para mí, porque ahora no sé que sería uno de mis días sin tenerlo a mi lado.

Es lo máximo ser mamá. Y es lo máximo ser mamá de Gabriel.

¡Lo amo!